escreveu sobre vasquez y cebollas

Calle 26B N°4A-12

La entrada de vidrio no dice mucho de su interior, pero traspasarla, es como sumergirse en una habitación detenida en el tiempo, con una suave luz que llega a cada uno de los muebles antiguos, candelabros y pinturas, todos ellos originales, que pelean el muy pequeño, pero acogedor, espacio que tiene el restaurante.



El nombre es un juego de palabras, que incluye el apellido de su creador, Alfredo Vásquez, pero también un tributo al arte, pues hace referencia a un conocido pintor de la Colonia, Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos. Aquí, Alfredo reunió todas sus pasiones: la arquitectura, las antiguedades, la buena música, y por supuesto, su gusto por la cocina, que ha hecho de su restaurante un lugar reconocido entre los intelectuales y otros amantes de la buena mesa que frecuentan la zona de La Macarena, donde está ubicado desde hace varios años.



Su especialidad es la cocina francesa tradicional en la que las salsas, cremosas, aromáticas y rebosantes de sabor son el ingrediente básico de todas sus preparaciones. Las salsas son completamente artesanales, con hierbas aromáticas frescas, pimientas finas y mantequillas completamente naturales, además, la carne que utilizamos es el lomito, que pasa por un proceso previo de maduración, explica Alfredo, quien primero fue un gourmet que no dejaba restaurante sin visitar y luego llevó a la práctica ese gusto por la buena comida, antes en la Trattoria Bistrot y ahora, en Vásquez y Cebollas.



El resultado de su trabajo se saborea en el steak pimienta, una pieza de un buen tamaño, que llega a la mesa bañado en salsa de pimienta y crema de leche al vino blanco, en el punto exacto de picante y con el bouquet inigualable que proporciona el vino.



El Steak Saint Morritz, la especialidad de la casa, viene en cambio con finas hierbas, vegetales y especias al vino; el Steak encebollado es otro de los más solicitados, y se sirve cubierto por finas rodajas de cebollas, enriquecidas con una original salsa. Para los amantes de la lengua, ese plato tan exigente en su preparación, la carta tiene una sorpresa: cuatro preparaciones diferentes, igual de exquisitas y muy propias del lugar. Como plato fuerte puede degustarse a la diabla, preparada en salsa de tomates al vino blanco, con picante al gusto; alcaparrada y la clásica lengua a la criolla. Pero también puede pedirla como entrada, en vinagreta de la casa (una suave mezcla de mostaza, aceite de oliva y hierbas aromáticas).



El menú lo complementan otros platos de la cocina colombiana como la Sobrebarriga a la criolla, y preparaciones con pollo y pescados, acompañadas por originales y sabrosas salsas. Ni se le ocurra irse sin probar su torta de chocolate con helado, o un trozo de su exquisito strudel de manzanas, preparado con frutas colombianas, que le brindan un sabor único a este postre. A esto hay que sumarle una música selecta, que lo invita a quedarse largo tiempo charlando con sus acompañantes o a un rato en la barra, con un buen trago, mientras disfruta de la especial atención que Alfredo regala a todos sus visitantes.