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Primeira opinião do lugar

Tal vez, vienes de admirar el grandioso templo de Santa Rosa de Viterbo y tal vez has elegido caminar hacia el centro por la calle José María Arteaga, una buena elección. Escondida detrás de una ventana escasa de detalles, letreros y ornamentación, se encuentra la panadería de las Hermanas Clarisas (al menos así me dijo la mujer que me atendió); que es eso, un negocio en una ventana. Al parecer, se encuentra dentro de lo que fue una parte del ex−convento de Santa Rosa de Viterbo, pero en la actualidad no es más que el edificio contiguo a las dependencias que ahora se encuentran en este ex−convento y que claramente, mantienen su fachada; a diferencia de este lugar que solo se resguarda tras un muro rosa grisáceo.
El pan es recién horneado y tiene un toque suave y diferente a muchos otros lugares, claramente hay dedicación en su elaboración. Es muy frecuentado por los locales que compran pan de dulce (ignoro si venden bolillo, lo dudo); o sea, vienes acá a consumir un pan de dulce. El mejor de estos bocadillos suaves es el pan de queso que ronda los cinco pesos. Se trata de un disco tipo gordita de consistencia esponjosa y una untada de una crema amarilla dulce y quebradiza (¿queso?) que recuerda mucho al pan de Acámbaro, pero a mi gusto, más delicioso.
Les recomiendo comprarse este pan que ronda en los cinco pesos para acompañarlo de un vaso de atole que puedes conseguir con el señor que se coloca en las tarde/noches en la Plaza Mariano de las casas, o más adelante en los locales de tamales de Arteaga (más ricos, un poco más caros, pero sí más lejos); la gloria pura.

Por cierto, la vista a la altura de este negocio, de la torre del reloj del Templo de Santa Rosa de Viterbo es muy buena.
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Primeira opinião do lugar

Tal vez, vienes de admirar el grandioso templo de Santa Rosa de Viterbo y tal vez has elegido caminar hacia el centro por la calle José María Arteaga, una buena elección. Escondida detrás de una ventana escasa de detalles, letreros y ornamentación, se encuentra la panadería de las Hermanas Clarisas (al menos así me dijo la mujer que me atendió); que es eso, un negocio en una ventana. Al parecer, se encuentra dentro de lo que fue una parte del ex−convento de Santa Rosa de Viterbo, pero en la actualidad no es más que el edificio contiguo a las dependencias que ahora se encuentran en este ex−convento y que claramente, mantienen su fachada; a diferencia de este lugar que solo se resguarda tras un muro rosa grisáceo.
El pan es recién horneado y tiene un toque suave y diferente a muchos otros lugares, claramente hay dedicación en su elaboración. Es muy frecuentado por los locales que compran pan de dulce (ignoro si venden bolillo, lo dudo); o sea, vienes acá a consumir un pan de dulce. El mejor de estos bocadillos suaves es el pan de queso que ronda los cinco pesos. Se trata de un disco tipo gordita de consistencia esponjosa y una untada de una crema amarilla dulce y quebradiza (¿queso?) que recuerda mucho al pan de Acámbaro, pero a mi gusto, más delicioso.
Les recomiendo comprarse este pan que ronda en los cinco pesos para acompañarlo de un vaso de atole que puedes conseguir con el señor que se coloca en las tarde/noches en la Plaza Mariano de las casas, o más adelante en los locales de tamales de Arteaga (más ricos, un poco más caros, pero sí más lejos); la gloria pura.

Por cierto, la vista a la altura de este negocio, de la torre del reloj del Templo de Santa Rosa de Viterbo es muy buena.
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